Leí Madame Bovary de Gustave Flaubert en español, hace tiempo no leía nada en español y pensé que un libro sobre el entumecimiento del alma, del aburrimiento de la vida y de expectativas no realizadas podría ser interesante leer en mi propio idioma, que tan olvidado tenía (y tengo).
Subrayé mis pasajes favoritos. Es increíble la precisión con que Flaubert describe el aburrimiento, la nostalgia, el anhelo por cosas nuevas, la desesperación de despertar cada día a vivir el mismo día una y otra vez, el miedo que siente Emma al tener frente a ella la aventura que tanto anhelaba, pero a la cual no sabe cómo (ni si debería) acercarse.
Captura de una manera muy poética las emociones y los conceptos mas bajos como el odio, la ingratitud, el aburrimiento, el desencanto...
Fuí subrayando conforme iba leyendo , por lo que es probable que esto sea como un mini-sumario de la novela, como advertencia para quienes no lo han leído:
"Así que obedeció; pero la audacia de su deseo protestó contra el servilismo de su conducta y, por una especie de hipocresía ingenua, estimó que esta prohibición de verla era para él como un derecho a amarla."
"No le gustaba el mar sino por sus tempestades y el verdor sólo cuando aparecía salpicado entre ruinas. Necesitaba sacar de las cosas una especie de provecho personal; y rechazaba como inútil todo lo que no contribuía al consuelo inmediato de su corazón, pues, siendo de temperamento más sentimental que artístico, buscaba emociones y no paisajes."
"Emma se sintió satisfecha de haber llegado al primer intento a ese raro ideal de las existencias pálidas, a donde jamás llegan los corazones mediocres."
"Pero la ansiedad de un nuevo estado, o tal vez la irritación causada por la presencia de aquel hombre, había bastado para hacerle creer que por fin poseía aquella pasión maravillosa que hasta entonces se había mantenido como un gran pájaro de plumaje rosa planeando en el esplendor de los cielos poéticos, y no podía imaginarse ahora que aquella calma en que viva fuera la felicidad que había soñado."
"Quizás hubiera deseado hacer a alguien la confidencia de todas estas cosas. Pero, ¿cómo explicar un vago malestar que cambia de aspecto como las nubes, que se arremolina como el viento? Le faltaban las palabras, la ocasión, ¡el valor!"
"Deseaba a la vez morirse y vivir en París."
"Pero para ella nada ocurría. ¡Dios lo había querido! El porvenir era un corredor todo negro, y que tenía en el fondo su puerta bien cerrada."
"Emma miró detenidamente las ventanas del castillo, intentando adivinar cuáles eran las habitaciones de todos aquéllos que había visto la víspera. Hubiera querido conocer sus vidas, penetrar en ellas, confundirse con ellas."
"Emma tembló en toda su piel al sentir aquel frío en su boca. Nunca había visto granadas ni comido piña."
"Los que empezaban a envejecer tenían aspecto juvenil, mientras que un aire de madurez se veía en la cara de los jóvenes. En sus miradas indiferentes flotaba el sosiego de las pasiones diariamente satisfechas; y, a través de sus maneras suaves, se manifestaba esa brutalidad particular que comunica el dominio de las cosas medio fáciles, en las que se ejercita la fuerza y se recrea la vanidad, el manejo de los caballos de raza y el trato con las mujeres perdidas."
"Si Carlos, sin embargo, lo hubiera querido, si lo hubiera sospechado, si su mirada, por una sola vez, hubiera ido al encuentro de su pensamiento, le parecía que una abundancia súbita se habría desprendido de su corazón, como cae la fruta de un árbol en espaldar cuando se acerca a él la mano. Pero a medida que se estrechaba más la intimidad de su vida, se producía un despegue interior que la separaba de él."
"La música del baile zumbaba todavía en su oído, y hacía esfuerzos por mantenerse despierta, a fin de prolongar la ilusión de aquella vida de lujo que pronto tendría que abandonar."
"Y los seguía en su pensamiento, subiendo y bajando las cuestas, atravesando los pueblos, volando sobre la carretera principal, a la luz de las estrellas. Al cabo de una distancia indeterminada se encontraba siempre un lugar confuso donde expiraba su sueño."
"Por otra parte, cuanto más cercanas estaban las cosas más se apartaba el pensamiento de ellas. Todo lo que la rodeaba inmediatamente, ambiente rural aburrido, pequeños burgueses imbéciles, mediocridad de la existencia, le parecía una excepción en el mundo, un azar particular en que se encontraba presa; mientras que más allá se extendía hasta perderse de vista el inmenso país de las felicidades y de las pasiones."
"Se había comprado un secante, un juego de escritorio, un portaplumas y sobres, aunque no tenía a quién escribir; quitaba el polvo a su anaquel, se miraba en el espejo, cogía un libro, luego, soñando entre líneas, lo dejaba caer sobre sus rodillas. Tenía ganas de viajar o de volver a vivir a su convento. Deseaba a la vez morirse y vivir en París."
"Cuanto menos comprendía Carlos estos refinamientos, más le seducían. Añadían algo al placer de sus sentidos y a la calma de su hogar. Eran como un polvo de oro esparcido a lo largo del humilde sendero de su vida."
"Ella hacía muchas confidencias a su perra galga. Se las hubiera hecho a los troncos de su chimenea y al péndulo de su reloj."
"Pero era sobre todo a las horas de las comidas cuando ya no podía más, en aquella salita de la planta baja, con la estufa que echaba humo, la puerta que chirriaba, las paredes que rezumaban, el pavimento húmedo; toda la amargura de la existencia le parecía servida en su plato, y con los vapores de la sopa subían desde el fondo de su alma como otras tantas bocanadas de hastío."
"Cuando el farmacéutico dejó de oír en la plaza el ruido de los zapatos del cura, encontró muy inconveniente su conducta de hacía un instante. Ese rechazo a la invitación de un refresco le parecía una hipocresía de las más odiosas; los curas comían y bebían todos con exceso sin que los vieran, y trataban de volver a los tiempos de los diezmos."
"Tengo una religión, mi religión, y tengo más que todos ellos, con sus comedias y sus charlatanerías. Por el contrario, yo adoro a Dios. ¡Creo en el Ser Supremo, un Creador, cualquiera que sea, me importa poco, que nos ha puesto aquí abajo para cumplir aquí nuestros deberes de ciudadanos y de padres de familia; pero no necesito ir a una iglesia a besar bandejas de plata y a engordar con mi bolsillo un montón de farsantes que se alimentan mejor que nosotros! Porque se puede honrarlo lo mismo en un bosque, en un campo, o incluso contemplando la bóveda celeste como los antiguos. Mi Dios, el mío, es el Dios de Sócrates, de Franklin, de Voltaire y de Béranger. Yo estoy a favor de la Profesión de fe del vicario saboyano y los inmortales principios del ochenta y nueve. Por tanto, no admito un tipo de Dios que se pasea por su jardín bastón en mano, aloja a sus amigos en el vientre de las ballenas, muere lanzando un grito y resucita al cabo de tres días: cosas absurdas en sí mismas y completamente opuestas, además, a todas las leyes de la física; lo que nos demuestra, de paso, que los sacerdotes han estado siempre sumidos en una ignorancia ignominiosa, en la que se esfuerzan por hundir con ellos a los pueblos."
"Qué mejor cosa, en efecto, que estar por la noche al lado del fuego con un libro, mientras el viento bate los cristales y arde la lámpara.
-¿Verdad que sí? –dijo ella, fijando en él sus grandes ojos negros bien abiertos.
-No se piensa en nada –proseguía él–, las horas pasan. Uno se pasea inmóvil por países que cree ver, y su pensamiento, enlazándose a la ficción, se recrea en los detalles o sigue el hilo de las aventuras. Se identifica con los personajes; parece que somos nosotros mismos los que palpitamos bajo sus trajes."
"Me gustan las historias que se siguen de un tirón, donde hay miedo. Detesto los héroes vulgares y los sentimientos moderados, como los que se encuentran en la realidad."
"Es tan agradable entre los desengaños de la vida poder transportarse con el pensamiento a un mundo de nobles caracteres, afectos puros y cuadros de felicidad. Para mí, que vivo aquí, lejos del mundo, es mi única distracción."
"Fue así como, uno cerca del otro, mientras que Carlos y el farmacéutico platicaban, entraron en una de esas vagas conversaciones en que el azar de las frases lleva siempre al centro fijo de una simpatía común."
"Era la cuarta vez que Emma dormía en un lugar desconocido. La primera había sido el día de su entrada en el internado, la segunda la de su llegada a Tostes, la tercera en la Vaubyessard, la cuarta era ésta; y cada una había coincidido con el comienzo de una nueva etapa en su vida. No creía que las cosas pudiesen ser iguales en lugares diferentes, y, ya que la parte vivida había sido mala, sin duda to que quedaba por pasar sería mejor."
"Ella deseaba un hijo; sería fuerte y moreno, le llamaría Jorge; y esta idea de tener un hijo varón era como la revancha esperada de todas sus impotencias pasadas. Un hombre, al menos, es libre; puede recorrer las pasiones y los países, atravesar los obstáculos, gustar los placeres más lejanos. Pero a una mujer esto le está continuamente vedado. Fuerte y flexible a la vez, tiene en contra de sí las molicies de la carne con las dependencias de la ley. Su voluntad, como el velo de su sombrero sujeto por un cordón, palpita a todos los vientos; siempre hay algún deseo que arrastra, pero alguna conveniencia social que retiene."
"¿No tenían otra cosa qué decirse? Sus ojos, sin embargo, estaban llenos de una conversación más seria; y, mientras se esforzaban en encontrar frases banales, se sentían invadidos por una misma languidez; era como un murmullo del alma, profundo, continuo, que dominaba el de las voces. Sorprendidos por aquella dulzura nueva, no pensaban en contarse esa sensación o en descubrir su causa."
"Las dichas futuras, como las playas de los trópicos, proyectan sobre la inmensidad que les precede sus suavidades natales, una brisa perfumada, y uno se adormece en aquella embriaguez sin ni siquiera preocuparse del horizonte que no se vislumbra."
"Pero sobre el fondo vulgar de todos aquellos rostros humanos, la figura de Emma se destacaba aislada y más lejana sin embargo; pues León presentía entre ella y él como vagos abismos."
"Entonces se hablaban en voz baja, y la conversación que tenían les parecía más dulce, porque nadie les oía."
"Él se atormentaba para descubrir cómo declarársele; y siempre vacilando entre el temor de desagradarle y la vergüenza de ser tan pusilánime, lloraba de desánimo y de deseos. Después tomaba decisiones enérgicas; escribía cartas que luego rompía."
"El amor, creía ella, debía llegar de pronto, con grandes destellos y túlguraciones, huracán de los cielos que cae sobre la vida, la trastorna, arranca las voluntades como si fueran hojas y arrastra hacia el abismo el corazón entero. No sabía que, en la terraza de las casas, la lluvia hace lagos cuando los canales están obstruidos y hubiese seguido tranquila de no haber descubierto de repente una grieta en la pared."
"Cuando se marchó Carlos y ella se sintió sola, surgió de nuevo el paralelo entre la nitidez de una sensación casi inmediata y esa prolongación de perspectiva que el recuerdo da a los objetos."
"Bueno, nos entenderemos más adelante; con las señoras siempre me he entendido, siempre, menos con la mía."
"Pero con esta renuncia la colocaba en condiciones extraordinarias. Para él, Emma se desprendió de sus atractivos carnales de los cuales él nada podía conseguir; y en su corazón fue subiendo más y más despegándose a la manera magnífica de una apoteosis que alza su vuelo. Era uno de esos sentimientos puros que no estorban el ejercicio de la vida, que se cultivan porque son raros y cuya pérdida afligiría más de lo que alegraría su posesión."
"Emma adelgazó, sus mejillas palidecieron, su cara se alargó. Con sus bandós negros, sus grandes ojos, su nariz recta, su andar de pájaro, y siempre silenciosa ahora, ¿no parecía atravesar la existencia, apenas sin rozarla, y llevar en la frente la señal de alguna predestinación sublime?"
"Pero ella estaba llena de concupiscencia, de rabia, de odio. Aquel vestido de pliegues rectos escondía un corazón agitado, y aquellos labios tan púdicos no contaban su tormenta."
"Estaba enamorada de León, y buscaba la soledad, a fin de poder deleitarse más a gusto en su imagen. La presencia de su persona turbaba la voluptuosidad de aquella meditación. Emma palpitaba al ruido de sus pasos; después, en su presencia la emoción decaía, y luego no le quedaba más que un inmenso estupor que terminaba en tristeza."
"Lo que la desesperaba era que Carlos no parecía ni sospechar su suplicio. La convicción que tenía el marido de que la hacía feliz le parecía un insulto imbécil, y su seguridad al respecto, ingratitud."
"Su enfermedad, según parece, era una especie de bruma que tenía en la cabeza, y los médicos no podían hacer nada, ni el cura tampoco. Cuando le daba muy fuerte, se iba completamente sola a la orilla del mar, de manera que el oficial de la aduana, al hacer la ronda, la encontraba a menudo tendida boca abajo y llorando sobre las piedras."
"León estaba cansado de amar sin resultado; después comenzaba a sentir ese agobio que causa la repetición de la misma vida, cuando ningún interés la dirige ni la sostiene ninguna esperanza."
"Él echó rápidamente una amplia ojeada a su alrededor, que se extendió a las paredes, a las estanterías, a la chimenea, como para penetrarlo todo, llevarlo todo."
"La luz le resbalaba como sobre un mármol, hasta la curva de las cejas, sin que se pudiese saber to que miraba. Emma miraba en el horizonte sin saber lo que pensaba en el fondo de sí misma."
"Entonces hubo un silencio. Se miraron; y sus pensamientos, confundidos en la misma angustia, se apretaban estrechamente, como dos pechos palpitantes."
"León la sintió entre sus dedos, y la sustancia misma de todo su ser le parecía concentrarse en aquella palma de la mano húmeda. Después abrió la mano; sus miradas volvieron a encontrarse, y desapareció."
"El día siguiente fue para Emma un día fúnebre. Todo le pareció envuelto en una atmósfera negra que flotaba confusamente sobre el exterior de las cosas, y la pena se hundía en su alma con aullidos suaves, como hace el viento en los castillos abandonados."
"¡Ah!, ¡se había ido el único encanto de su vida, la única esperanza posible de una felicidad! ¿Cómo no se había apoderado de aquella ventura cuando se le presentó? ¿Por qué no lo había retenido con las dos manos, con las dos rodillas, cuando quería escaparse?"
"Sin embargo, las llamas se apaciguaron, bien porque la provisión se agotase por sí misma, o porque su acumulación fuese excesiva. El amor, poco a poco, se fue apagando por la ausencia, la pena se ahogó por la costumbre; y aquel brillo de incendio que teñía de púrpura su cielo pálido fue llenándose de sombra y se borró gradualmente."
"Se creía ahora mucho más desgraciada, pues tenía la experiencia del sufrimiento, con la certeza de que no acabaría nunca."
"Pero ocurrió con sus lecturas lo mismo que con sus labores, que, una vez comenzadas todas, iban a parar al armario; las tomaba, las dejaba, pasaba a otras."
"Emma estaba asomada a la ventana (se asomaba a menudo: la ventana, en provincias, sustituye a los teatros y al paseo)."
"Sueña con el amor, como una carpa sueña con el agua mientras se zangolotea en una mesa de cocina."
"Volvía a ver a Emma en la sala, vestida como la había visto, y la desnudaba."
"Porque en medio del mundo sé poner sobre mi cara una máscara burlona; y sin embargo, cuántas veces a la vista de un cementerio, de un claro de luna, me he preguntado si no haría mejor yendo a reunirme con aquellos que están durmiendo..."
"Todas aquellas gentes se parecían. Sus fofas caras rubias, un poco tostadas por el sol, tenían el color de la sidra dulce, y sus patillas ahuecadas salían de grandes cuellos duros sujetos por corbatas blancas con el nudo bien hecho. Todos los chalecos eran de terciopelo y de solapas; todos los relojes llevaban en el extremo de una larga cinta un colgante ovalado de cornalina; y apoyaban sus dos manos sobre sus dos muslos, separando cuidadosamente la cruz del pantalón, cuyo paño no ajado brillaba más que la piel de las fuertes botas."
"¿No sabe usted que hay almas continuamente atormentadas? Necesitan alternativamente el sueño y la acción, las pasiones más puras, los goces más furiosos, y se precipitan así en toda clase de fantasías, de locuras."
"Ustedes han comprendido, digo, que las tormentas políticas son todavía más temibles cierta-mente que las perturbaciones atmosféricas."
"Sí, llega un día –repitió Rodolfo–, un día, de pronto, y cuando ya se había perdido la esperanza.
Entonces se entreabren horizontes, es como una voz que grita: “¡Aquí está!” Uno siente la necesidad de hacer a esa persona la confidencia de su vida, de darle todo, de sacrificarle todo. No nos explicamos, nos adivinamos. Nos hemos vislumbrado en sueños (y él la miraba). Por fin, está ahí, ese tesoro que tanto se ha buscado, ahí, delante de nosotros; brilla, resplandece. Sin embargo, seguimos dudando, no nos atrevemos a creer en él; nos quedamos deslumbrados, como si saliéramos de las tinieblas a la luz."
"Estoy harto de esas palabras. Son un montón de zopencos con chaleco de franela y de beatas de estufa y rosario que continuamente nos cantan a los oídos: “¡El deber!, ¡el deber!” ¡Qué diablos!, el deber, es sentir lo que es grande, amar lo que es bello, y no aceptar todos los convencionalismos de la sociedad, con las ignominias que ella nos impone."
"¿Es que no le subleva a usted esta conspiración de la sociedad? ¿Hay algún sentimiento que no condene? Los instintos más nobles, las simpatías más puras son perseguidas, calumniadas, y si, por fin, dos pobres almas se encuentran, todo está organizado para que no puedan unirse. Sin embargo, ellas lo intentarán, moverán las alas, se llamarán. ¡Oh!, no importa, tarde o temprano, dentro de seis meses, diez años, se reunirán, se amarán, porque el destino lo exige y porque han nacido la una para la otra."
"La sesión había terminado; la gente se dispersó; y ahora que se habían leído los discursos, cada cual volvía a su puesto y todo volvía a la rutina; los amos maltrataban a los criados, y éstos golpeaban a los animales, triunfadores indolentes que se volvían al establo, con una corona verde entre los cuernos."
"En las perspectivas del porvenir se sucedían hasta el infinito jornadas de amor."
"Después, cien pasos más adelante, se paró de nuevo; y a través de su velo, que desde su sombrero de hombre bajaba oblicuamente sobre sus caderas, se distinguía su cara en una transparencia azulada, como si nadara bajo olas de azul."
"El silencio era total; algo suave parecía salir de los árboles; Emma se sentía el corazón, cuyos latidos recomenzaban, y la sangre que corría por su carne como un río de leche. Entonces oyó a lo lejos, más allá del bosque, sobre las otras colinas, un grito vago y prolongado, una voz que se perdía y ella la escuchaba en silencio, mezclándose como una música a las últimas vibraciones de sus nervios alterados."
"Nada había cambiado en torno a ellos; y sin embargo, para ella había ocurrido algo más importante que si las montañas se hubiesen desplazado. Rodolfo de vez en cuando se inclinaba y le tomaba la mano para besársela."
"Pero al verse en el espejo se asustó de su cara. Nunca había tenido los ojos tan grandes, tan negros ni tan profundos. Algo sutil esparcido sobre su persona la transfiguraba."
"Se repetía: “¡Tengo un amante!, ¡un amante!”, deleitándose en esta idea, como si sintiese renacer en ella otra pubertad. Iba, pues, a poseer por fin esos goces del amor, esa fiebre de felicidad que tanto había ansiado."
"Penetraba en algo maravilloso donde todo sería pasión, éxtasis, delirio; una azul inmensidad la envolvía, las cumbres del sentimiento resplandecían bajo su imaginación, y la existencia ordinaria no aparecía sino a to lejos, muy abajo, en la sombra, entre los intervalos de aquellas alturas."
"Entonces recordó a las heroínas de los libros que había leído y la legión lírica de esas mujeres adúlteras empezó a cantar en su memoria con voces de hermanas que la fascinaban."
"El amor, tanto tiempo contenido, brotaba todo entero a gozosos borbotones. Lo saboreaba sin remordimiento, sin preocupación, sin turbación alguna."
"El frío de la noche les hacía juntarse más; los suspiros de sus labios les parecían más fuertes; sus ojos, que apenas entreveían, les parecían más grandes, y, en medio del silencio, había palabras pronunciadas tan bajo que caían sobre su alma con una sonoridad cristalina y que se reproducían, en vibraciones multiplicadas."
"No era cariño, era como una seducción permanente. Rodolfo la subyugaba. Ella casi le tenía miedo."
"¿Pero quién la hacía tan desgraciada?, ¿dónde estaba la catástrofe extraordinaria que la había trastornado? Y levantó la cabeza, mirando a su alrededor, como para buscar la causa de lo que le hacía sufrir."
"La idea de Rodolfo se le pasó un momento por la cabeza; pero sus ojos se pusieron sobre Carlos; ella notó incluso con sorpresa que no tenía los dientes feos."
"¡Ah!; parece que no las tienes todas contigo, pero tú tienes la culpa. Había que hacer esto, hacer aquello."
"Se miraron silenciosamente, casi pasmados de verse, tan alejados estaban en su conciencia el uno del otro."
"Se abrazaron y todo su rencor se derritió como la nieve bajo el calor de aquel beso."
"El encanto de la novedad, cayendo poco a poco como un vestido, dejaba al desnudo la eterna monotonía de la pasión que tiene siempre las mismas formas y el mismo lenguaje."
"Había que rebajar, pensaba él, los discursos exagerados que ocultan afectos mediocres; como si la plenitud del alma no se desbordara a veces por las metáforas más vacías, puesto que nadie puede jamás dar la exacta medida de sus necesidades, ni de sus conceptos, ni de sus dolores, y la palabra humana es como un caldero cascado en el que tocamos melodías para hacer bailar a los osos, cuando quisiéramos conmover a las estrellas."
"Y se precipitó sobre su boca, como para arrancarle el consentimiento inesperado que de ella se exhalaba en un beso."
"Vivía como perdida en la degustación anticipada de su felicidad cercana."
"Su existencia sería fácil y holgada como sus vestidos de seda, toda cálida y estrellada como las noches suaves que contemplarían."
"La ternura de otros tiempos les volvía a la memoria, abundante y silenciosa como el río que corría, con tanta suavidad como la que traía del jardín el perfume de las celindas, y proyectaba en su recuerdo sombras más desmesuradas y melancólicas que las de los sauces inmóviles que se inclinaban sobre la hierba."
"Después, a fuerza de contemplar aquella imagen y de evocar el recuerdo del modelo, los rasgos de Emma se confundieron poco a poco en su memoria, como si el rostro vivo y el rostro pintado, frotándose el uno contra el otro, se hubieran borrado recíprocamente."
"El mundo es cruel, Emma. Donde quiera que estuviésemos nos habría perseguido."
"El rayo de luz que subía directamente arrastraba hacia el abismo el peso de su cuerpo. Le parecía que el suelo de la plaza, oscilante, se elevaba a lo largo de las paredes, y que el techo de la buhardilla se inclinaba por la punta, a la manera de un barco que cabecea. Ella se mantenía justo a la orilla, casi colgada, rodeada de un gran espacio. El azul del cielo la invadía, el aire circulaba en su cabeza hueca, sólo le faltaba ceder, dejarse llevar, y el ronquido del torno no cesaba, como una voz furiosa que la llamaba."
"-El señor la espera, señora; la sopa está servida.
¡Y hubo que bajar!, ¡y hubo que sentarse a la mesa!"
"Porque ella temía que fuesen a interrogarla, a cuidarla, a no dejarla en paz."
"Y Emma esperaba todos los días, con una especie de ansiedad, la infalible repetición de acontecimientos mínimos que, sin embargo, apenas le importaban."
"Se acusaba de olvidarse de Emma; como si perteneciendo todos sus pensamientos a su mujer, hubiese sido usurparle algo el no pensar continuamente en ella."
"Por lo demás, ahora rodeaba todo de tal indiferencia, tenía palabras tan afectuosas y miradas tan altivas, modales tan diversos, que ya no se distinguía el egoísmo de la caridad, ni la corrupción de la virtud."
"Una bella voz, un imperturbable aplomo, más temperamento que inteligencia y más énfasis que lirismo acababan de realzar aquella admirable naturaleza de charlatán, en la que había algo de barbero y de torero."
"Emma pensaba en el día de su boda; y se volvía a ver allá, en medio de los trigos, en el pequeño sendero, cuando iba hacia la iglesia. ¿Por qué no había resistido y suplicado como ésta? Iba, por el contrario, contenta, sin darse cuenta del abismo en que se precipitaba..."
"Todos coincidían en los gestos; y la cólera, la venganza, los celos, el terror, la misericordia y la estupefacción salían a la vez de sus bocas entreabiertas."



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